29.6.15

A una orden tuya




Tiembla mi mente cuando percibo que el instante se acerca, son espasmos que descontrolan mi alma, y es que me provoca demasiados sentimientos.

Camino lentamente hacía la puerta, siento como si estuviera flotando cuando frente a ella me arrodillo excitada, observo con un poco de impaciencia el picaporte un instante antes de bajar la mirada para esperarlo.

Cabizbaja y aún temblorosa, hago trizas mi paciencia cuando escucho sus pasos acercarse y abrir con soltura la puerta de la alcoba.
Su presencia me hechiza, su voz me perturba, me ordena desnudarme y le obedezco, suavemente empiezo a desabotonar la blusa, a deslizar las prendas y, le doy el tiempo suficiente para deleitarse con la escena. 

- Acércate -, 
su voz es seca y poderosa, se cimbra en mis entrañas, es allí donde todo se precipita, se resguarda o cae en forma estrepitosa. 

- Ponte de rodillas - 
y el corazón marcha a ritmo acelerado 
Con la fusta en su mano me da golpecillos en el interior de los muslos. 

- Separa las piernas, te quiero abierta - 
Si, Señor, le respondo. 

- No te he preguntado nada, hoy estás indisciplinada, ¿buscas un castigo? - 
No respondo, sólo bajo más la mirada. 

- ¡Te hice una pregunta!, responde - 
Perdóname Señor, estoy nerviosa 

Se acerca al borde de la cama, se encuentra de pie, con su expresión indescifrable, me hace una casi imperceptible señal con la mirada, vuelvo a bajar la mía y me acerco temerosa, sé lo que quiere y me apresuro a complacerlo. 

A cuatro patas sobre la cama, mi trasero expuesto a su deleite y, antes de que me prepare para recibir los azotes, la fusta corta el aire y se estrella contra mis nalgas, muerdo el labio tratando de ahogar un grito en mi garganta, cierro los ojos asustada mientras su mano azota mi piel expuesta. 

El dolor externo se pasa, es el interno el que hiere mi alma. No puedo seguir callada y en un impulso dejo salir mi queja. 
No me hablas mi Señor, no puedo soportarlo, el dolor es demasiado si no te escucho. 

En respuesta empieza a acariciar mi carne, a sentir el calor que desprende la piel mancillada y desciende presionando suavemente mi chochito, primero un dedo, le sigue el otro, los introduce, hundiéndolos profundamente, cierro los puños e intento retener el aliento entre las sábanas, dentro, fuera, a veces lento, en momentos más rápido, y en el instante en que me empiezo a mover víctima del placer se detiene y se aleja. 

Hundo mi rostro entre las sábanas, la frustración es inminente, pasa un minuto, quizás dos, tal vez media hora, no lo sé, no tengo noción del tiempo, soy un cúmulo de sentimientos encontrados por el deseo insatisfecho. 

En ese momento siento su polla dura, enhiesta que se incrusta atravesando mi coño, se mueve lentamente mientras me escucha gemir de dolor, poco a poco me acostumbro a tenerlo dentro  de mí, empieza a moverse imponiendo un ritmo acelerado y deja caer su peso en mi cuerpo, su boca queda a milímetros de mi cuello, lo escucho susurrar obscenidades mientras se clava con fuerza.
Me gusta sentirlo así, saber que soy su puta y que en el momento que quiera me usa, no tardo mucho en correrme, lo mismo hace Él. 

Escucho su voz ronca, totalmente viril y vuelvo a correrme, satisfecho me da la vuelta, mi rostro queda frente al suyo, lo miro a los ojos y sonrío, luego desciendo y consumo los restos de su deseo… y el mío.

7 comentarios:

  1. Tuyo en tu carne porque Tú eres Su Sumisa y El es Tu Señor.

    Un beso muy grande, preciosa.

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  2. Un abrazo y feliz comienzo de semana.

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  3. Amy tiempo sin leerte por aquí, y como siempre es un placer, es un placer como muestras tu sentir por Él, como se siente la desesperación, el nerviosismo, el temblor del orgasmo... tremendas tus letras como siempre...
    Besines...

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  4. un relato muy excitante.

    un beso.

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  5. que grata sorpresa volver a encontrarte....
    lo que leo me excita... pero no creo que pudiese hacerlo yo.... soy muy indisciplinada....
    besos.

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  6. Magnífica narración, paso a paso, lentamente, nos vas coloreando la escena, donde sólo existen dos, la puerta, la cama y la fusta, el resto ni siquiera tratamos de imaginarlo, gracias a tus palabras q calan en nuestra perversa imaginación, mientras te pintamos expuesta, sumisa, esclava, con el culo levantado en cuatro patas, glorioso, exquisito, con tu vulva abierta y tu ano bonito, deseosa, con ganas de complacer y ser complacida, hasta verte allí, con esa hermosa sonrisa frente a mí, dispuesta a bajar y terminar de complacerme con esa boca golosa y obediente....

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